4 de julio de 2010

A un amigo

Son 32 centimetros de diferencia, de distancia entre su cabeza y la mía, no a lo horizontal, sino de arriba a abajo o de abajo a arriba, vos decidís a quién querés comparar con quién.

Son 10 años, 10 años que me lleva de ventaja. ¿Mucho tiempo, verdad? Mucho si considerás, por ejemplo, que fue eso lo que me tomó pasar de niña a adulta, adulta joven, pero adulta al fin y al cabo.

Pero, por ahora la diferencia no se siente como algo abismal. Tengo emoción y miedo. Me gusta esta parte de conocernos, de reconocernos, de mirar nuestras manos, una sobre la otra.

Tal vez, como dice un amigo, maduré biche y está bien para mí un hombre así de mayor. Tal vez, como dicen, los hombres tardan más en crecer y si se dan las dos cosas, bueno, puede que estemos en un punto similar.

Este año ha sido bastante intrigante. No tengo excusas, no tengo un camino señalado para seguir, y definitivamente, no quiero que sea el piloto automático el que determine mi rumbo. Que pena que te moleste con todas estas cosas, pero, ¿vos qué pensás?

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